El asunto de la obesidad y el sobrepeso infantil y juvenil en México son un problema de salud pública que avanza aceleradamente. Se ha convertido, de hecho, en un asunto que puede causar severas repercusiones a nuestro sistema de salud nacional al no contarse, como en otros muchos rubros, con el presupuesto necesario para atender los padecimientos asociados a esta enfermedad que, desde luego, se pueden prevenir con el desarrollo de una cultura de la salud orientada a mejorar los hábitos
alimenticios.
Para contener y revertir este problema se requiere, en primer lugar, de voluntad de los actores de gobierno que tienen intervención en el sector; en segundo término, de estrategias gubernamentales multisectoriales que desarrollen políticas públicas, desde la educación básica, la familia, la escuela, que promuevan una alimentación saludable, nutritiva y balanceada, es decir, educación para la salud.

Publicidad infantil
La construcción de una cultura alimenticia no sólo pasa porque se cuente con un marco regulatorio que limite la venta de frituras, golosinas y refrescos con alto índice calórico, saturadas en azúcares refinadas y carbohidratos en los centros escolares. Implica también el compromiso social de los empresarios vinculados en la producción de dichos alimentos, además de las agencias de publicidad asociadas a ellos.
La publicidad tiene un significativo impacto no sólo en la conformación de los hábitos, sino también en la definición de los patrones de consumo del público infantil, independientemente del estrato económico al que pertenezca. Un niño mexicano, por mencionar algunos datos, ve en promedio 61 anuncios al día, es decir, 22 mil 265 mensajes al año, de los cuales el 42 por ciento está relacionados con el consumo de alimentos
La obesidad, una epidemia mundial
La OMS y otros organismos internacionales han declarado a la obesidad y al sobrepeso como una epidemia a nivel mundial. Se estima que en el mundo hay más de 22 millones de niños menores de cinco años que padecen esa enfermedad. El estado de salud que guarda la población de una nación incide, inevitablemente, en su progreso socioeconómico. Y nuestro país no es ajeno a este hecho. En México, hoy en día, los sectores socialmente más rezagados cohabitan con las denominadas enfermedades del subdesarrollo —como son la desnutrición y las infecciones—, pero a la vez sufren los padecimiento típicos de los países desarrollados como lo es la obesidad, una enfermedad asociada a cerca de 20 afecciones y alteraciones, entre ellas el desarrollo de diabetes e hipertensión arterial a temprana edad, males que requieren prolongados tratamientos médicos que implican un alto costo económico para el sistema nacional de salud.
La atención de esta enfermedad le cuesta al Estado más de 42 mil millones de pesos anuales. Las pérdidas por productividad, por su parte, ascienden a 25 mil millones que pagan directamente los contribuyentes.
Resulta impostergable, entonces, la participación activa de todos los actores —políticos y económicos— involucrados, entre ellos el gobierno en sus distintas esferas, el Poder Legislativo, los empresarios, así como los medios de comunicación, para evitar que siga avanzando la obesidad en el país. Si no se atiende esta epidemia, el costo económico será doble en los próximos diez años. El desarrollo económico y bienestar social del país pasan, inexorablemente, por la solución de este problema de salud pública.
REFERENCIAS:
LA CRONICA. Disponible en: http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=491294 (Consultado: 28/02/2010)
REFLEXION:
¿Qué podemos hacer para detener esto? ¿Cómo afecta la obesidad a los niños?

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